Mi vida no ha sido mala, digamos que fue diferente. Desde muy
pequeña tuve que aguantar el estado psicológico
que aguanto ahora. Conocí a mi padre, pero a mi madre no. Supe su nombre y algún
dato más por la diputación foral de Guipúzcoa, ellos llevaban mi caso, como el de
muchos otros niños.
Mis recuerdos son algo borrosos respecto a las edades, pero
lo que tengo muy claro es con quien estuve.
Mi padre me dejo en un centro de
acogida a muy temprana edad, y a los pocos años una familia de San Sebastián, Guipúzcoa,
quiso adoptarme.
Era todo muy bonito, unos padres que me querían, una hermana
que se preocupaba muchísimo por mí, incluso teníamos un perro. Éramos la
familia perfecta, pero todo eso empezó a torcerse.
Por entonces la que era mi madre, empezó a tener muchos
problemas que yo no podía comprender, ni entendía. Empezó a tratarnos mal tanto
a mí como a su propia hija. Nos pegaba,
nos maltrataba de todas las formas que se le ocurrían. El padre
trabajaba mucho por aquel entonces y claro, si trabajas prácticamente todo el día,
no puedes darte cuenta de lo que pasa en un sitio alejado de ti.
Poco a poco, por 3 personas la cosa fue saliendo a la luz, y
mi padre entonces decidió que tenían que
llevarme otra vez al sitio de acogida de donde venia anteriormente.
Solo recuerdo esa cara de sufrimiento de esta persona al tener
que deshacerse de mí.
Estuve un año sin ninguna novedad con las monjas, ya que el
centro de acogida lo cuidaban unas monjas muy graciosas.
La familia que me dejo un año atrás volvió a por mí. Me sorprendió
ya que no es lo normal. Venían los tres, la madre, el padre y la hija. Yo estaba
asustada y fui directamente donde el padre y la hija ya que es con los únicos que
me llevaba fenomenal y tenía muy buenos recuerdos de ellos.
La madre me dio un regalo y bueno, poco a poco me fui
acercando a ella. Esta vez vivíamos en Chilches, Castellón.
Parece que todo iba a la perfección pero no tardo mucho en
torcerse las cosas de nuevo. Era una situación insostenible tanto para ellos
como para mí. Las cosas cada vez iban a peor y no sabían qué hacer.
La madre le dijo a su marido, o dejas a la niña otra vez o
nos divorciamos, y el pobre que iba hacer. Tenía una hija con ella, y no podía permitirse
ese lujo, así que otra vez me volvieron a dejar en el centro de acogida.
Esta experiencia para mí fue de las que más me impactaron psicologicamente, porque aun
siendo muy pequeña, hay detalles que recuerdo a la perfección y aunque quisiera
olvidarme de ellos, no puedo.